Quizá de niño mi sueño era ser escritor. Quizá solo era una de las tantas ideas que revoloteaban en mi cabeza, como la gastronomía, medicina, astronauta, futbolista o bombero. Aún en la secundaria, conservaba un poco esa idea. Gané en mi escuela un concurso de cuento, y después no paso nada más.

La verdad, creo que aunque esa historia tenía un buen inicio, no pude desarrollarla. Luego no pude resolver lo que trataba de describir como aventura y junto con el límite de dos cuartillas (creo) que tenía, no me pareció precisamente maravilloso. También me mató que el par de referencias a la mitología griega que tenía mi historia, me hicieron cambiarlas por algo más “mexicano”. Tomé un libro de mayas, saqué dos nombres al azar, y mi maestra quedó encantada. Mi pobre cuento estaba mutilado.

Después, empecé a leer mucho. Novelas principalmente. La lógica dictaría que eso debería inspirarme aún más en mi sueño, pero conocer toda la inmensidad de tantos mundos y realidades terminó por agobiarme. Me pareció demasiado. Si existen personas a las que admiro inmensamente, son los escritores. No a todos claro, pero existen tantos libros tan bien escritos, que no puedo más que admirar toda la belleza en sus paisajes, personajes o ideas. Me sentí (y aún me siento) incapaz de crear algo así.

¿A que viene todo esto? Uno, no tenía idea de que escribir aquí. Si no lo hago, Daniel (uno de mis 4 lectores) empezará a molestarme por twitter y msn.

Dos, hoy me regalaron un libro. La portada no es grandiosa, esta viejo, no es novela, y posiblemente en cualquier otro lado hubiera sido víctima (pobre) de mi indiferencia. Pero el momento y el lugar fueron ideales para capturar mi atención. Si vale la pena, lo recomendaré. De lo contrario, quedará relegado junto a los libros de crepúsculo de mi hermana, o algo así.

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